
«¿Pero por qué a ti?»: El Pestiño de Plata, la madre y la certeza de ser nadie.
A veces he pensado, con esa inconfesable arrogancia que habita en el secreto de los escritores, que el reconocimiento llegaría. No por vanidad, sino por
Un rincón donde las palabras se desnudan sin pedir permiso. Aquí escribo lo que no encontró lugar en mis libros, lo que late entre sombras y lo que nunca se dice en voz alta. Tal vez no deberías leerlo… pero ya estás aquí, y las puertas están abiertas.

A veces he pensado, con esa inconfesable arrogancia que habita en el secreto de los escritores, que el reconocimiento llegaría. No por vanidad, sino por

queríamos inundar los charcos con las gitanillas,y con claveles roneaban las chiquillas,pero el barro respiraba con pulmones de sombray un perro sin nombre lamía el

Sé que a los ojos de quienes me leen, escuchan o ven, puedo parecer alguien realizado, incluso feliz. Me colocan en la escena de un

(Guía filosófica para idiotas lúcidos, despistados con alma y místicos que llegan tarde) “El que no se contradice es que no dice la verdad.”— Jesús

En el Teatro madrileño, la presentación de Relatos de lo sutil se transforma en un bosque de palabras vivas. La luz cálida del escenario palpita como un

Porque antes incluso de pronunciar nuestra primera palabra, alguien ya decidió quién teníamos que ser. Mucho antes de reconocer nuestro rostro en el espejo, fuimos

Me arrastro sobre los escombros de los mismos errores, idénticos en forma y en filo, como si la repetición fuera un rito y la caída,

Siempre he sentido una incomodidad visceral al exponerme. Me parece ridículo hablar de lo que hago como si tuviera que empaquetarlo y venderlo, como si
