Sé que a los ojos de quienes me leen, escuchan o ven, puedo parecer alguien realizado, incluso feliz. Me colocan en la escena de un libro presentado, una conferencia dictada o un vídeo en YouTube, y creen que eso significa que estoy contento. Pero no es así. Mi alma lleva tiempo en descomposición. Poco me importan la escritura, la investigación, los libros o los vídeos. Poco me importan la excelencia, las referencias, el reconocimiento o ser tenido en cuenta, un terreno que nunca me ha querido. No me siento de este mundo.
Escribo, compongo, doy conferencias, investigo y ahora incluso subo mis reflexiones a YouTube. Podría parecer que lo hago por vocación, por ansias de dejar algo, por simple inquietud o incluso por ego, pero la verdad es que todas esas cosas me importan tan poco como todo lo que está a mi alrededor. Lo hago porque me siento ya muerto.
Lo que late en mí es puro reflejo; lo vivo verdadero murió hace tiempo. Vivo con la certeza de que esto no es más que una sala de espera. Como quien aguarda en una estación, con ese ligero temblor de nervios, mirando la pantalla que anuncia un tren o un avión que todavía no llega. Mientras tanto, se lee un libro, se escucha música, se mata el tiempo. Así siento yo la vida: un tránsito, un pasillo entre lo que fui y lo que aún no ha venido.
Y mientras espero a que llegue ese tren, me entretengo por ahora, aunque no descarto terminar viviendo en la total anhedonia. De hecho, siento una ligera inclinación hacia eso, como si fueran las semillas de un nuevo fruto. Escribo lo que me quema por dentro, investigo lo que me desvela, compongo sonidos que hablen con mi silencio, comparto palabras en conferencias o en YouTube, como quien escribe mensajes en ceniza sobre un viento que no guarda nada.
No busco dejar huella, ni construir un legado. Solo intento ocupar el tiempo que queda con un poco de dignidad, con algo de belleza, si acaso esa me fuese posible, con la honestidad de saber que estoy de paso y quizá dar cierto servicio a los que todavía creen que viven en este mundo.
Eso es lo que hago y por qué lo hago: porque estoy muerto y, sin embargo, sigo esperando.
